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HIPERIÓN

Hiperión oder der Eremit in Griecheland (Hiperión o el eremita en Grecia) Hólderlin empieza a trabajar en esta novela hacia 1794. Es la obra del amor, de la guerra, de la soledad y del consuelo de las almas anhelantes en perpetua escaramuza contra el Todo. Se trata de un enorme poema prosificado, un poema que es una vida; la historia del joven Hiperión, donde se relatan las aventuras del enamorado de la primitiva Hélade que va a la actual Grecia y lo que acontece durante este viaje, así como la decepción final. La amargura última de darse cuenta de la realidad, del impulso de la naturaleza humana. Impulso ineludible, la condición humana caracterizda por la rapiña, la ingratitud y el afán material de la voluntad. Fractalia os ofrece al final de esta sección un vínculo en el que podéis encontrar alguno de los pasajes más bellos de la historia del eremita en Grecia.

DIOTIMA

El amor de los poetas románticos encontraba su llama diaria precisamente en la ausencia, la comunión final en la lejanía física, que a su vez colmaba el universo pasional del individuo en una especie de práctica masturbatoria a distancia. En el caso de Hólderlin y Susette Gontard (Diotima) es el amor que en secreto llevan y alimentan con desmesurado mimo a escondidas puesto que Susette estaba esposada con otro hombre. Este amor sublime se ve truncado por la muerte de ella. La cicatriz abierta por el terrible dolor, no curará jamás en el poeta. Los recuerdos de Diotima retumbaran en la mente del joven Hólderlin, haciendo sangrar la herida y sumiéndole en la locura.

LA LOCURA, UN DESENLACE TRÁGICO

Hacia 1800 y 1801 en Hólderlin comenzaban a notarse los síntomas de un claro desequilibrio interior. Luchas interiores y quebrantos sobre su cuerpo, antaño esbelto y bello. Después de la muerte de Susette Gintard es cuando se produce el definitivo desgarro anímico. Hólderlin, con el corazón desgarrado por la muerte de su amada, y bajo el dolor insoportable de su pérdida, sucumbió a la locura. Hólderlin enloqueció por amor trágico; amor inmortal amor eterno, a la desaparecida Diotima. La soledad de su buhardilla y la locura progresiva producen en Hólderlin la pérdida total de la identidad, del tiempo y del espacio en que se mueve. Sus ataques esquizofrénicos provocaban en él esporádicos ataques de ira, para los que fue necesario en varias ocasiones utilizar la fuerza bruta. Poco a pocos todas sus amistades fueron eludiendole, dado que su presencia y su personalidad les resualtaban poco tranqulizadoras. Todos al final querían irse, sin saber cómo hacerlo, creando situaciones verdaderamente tristes.

Hólderlin vivió los primeros 36 años de su vida atado a la muerte de la libertad humana, al diario entierro de la vida y su esplendoroso tiempo romántico, para después pasar otros 36 años de la existencia encerrado en su habitación. Paseos interminables a lo largo de cuatro aristas, frases intercaladas, absurdas, destrozadas por un inconsciente traidor. Llantos,risas, silencio, pensamiento atormentado. Parece ser que Hólderlin durante su exilio mental (locura) no sufrió demasiado. Vivió recluido durante ese largo periodo de tiempo en la casa de su amigo, el carpintero Ernst Zimmer, inmerso en su situación particular, aferrada a su vida íntima, a sus lecturas, poemas...Sumido en un mundo cerrado, su propio mundo ajeno, a la realidad. En la noche del 6 de junio de 1843, el viejo Hólderlin contempla con serenidad, desde la ventana de su habitación, el paisaje. Al amanecer muere de una congestión pulmonar. El "loco de Tubingen", como alguno le llaman, el poeta de lo infinito y de lo desconocido, sucumbió a la locura de los cuerdos.

Para encontrar mayor información sobre la vida y obra de Friedrich Hólderlin os recomendamos la lectura del libro de la biografía y comentarios sobre Hólderlin del escritor español Javier García Sánchez del que Fractalia ha extraído algunos pasajes para confeccionar esta visión general del autor romántico.