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"21 Gramos" Alejandro González Iñarritu (2003)

El cine de Iñarritu está lleno de emociones, de experiencias límites y de una intensidad que nos golpea desde la pantalla hasta hacer imposible que nos quedemos indiferentes.

Ya en "Amores Perros", su primera película, el director mejicano se valía de un lenguaje personal para presentarnos una realidad fragmentada, que como un puzzle va encajando sus piezas hasta cerrar un círculo perfecto que convierte sus películas en un producto redondo.

Si a esto le añadimos unas interpretaciones realmente emocionantes (Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro) que nos acercan al dolor de unos personajes que podrían ser cualquiera de nuestros vecinos o incluso nosotros mismos.


"Lost in translation" Sofía Coppola (2003)

Son muchos los que al referirse a la segunda película de esta realizadora lo hacen como si de una comedia se tratase. Es cierto que algunas situaciones están llenas de humor y que las paradojas del choque de culturas invitan a la sonrisa. Sin embargo, "Lost in translation" es mucho más. Es una cinta que nos habla de la búsqueda, de la monotonía, del cambio, del amor, de la felicidad, de los descubrimientos...

Sofía Coppola es directamente responsable de todo ello, con un ritmo narrativo que se adecúa perfectamente a la historia que nos cuenta y nos va trasladando desde las habitaciones de un hotel de lujo hasta las frenéticas calles de Tokio en la misma medida que dos personajes que, aparentemente no tienen nada que ver, pasan de ser dos desconocidos a convertirse en indispensables el uno para el otro.

Una vez más, una gran película que encuentra uno de sus pilares en la maravillosa interpretación de sus actores con un sorprendente Bill Murray (muy alejado de sus registros habituales) y una deliciosa Scarlett Johansson.


"La flaqueza del bolchevique" Martín Cuenca (2002)

Como la anterior, una historia de personajes contradictorios que tienen lo que no desean y que viven frustrados en un mundo ficticio que parece cumplir con sus espectativas aunque la realidad es bien distinta. A veces, algo ocurre que hace tambalearse los cimientos de ese mundo y llena la cabeza de preguntas sin respuesta. Esa es la situación del personaje interpretado por Luis Tosar: un ejecutivo hiperactivo sin tiempo para sí ni para sus ilusiones hasta que una mañana un ligero accidente de tráfico le introduce en una espiral de acontecimientos que lo sacan de la rutina.

Martín Cuenca además ha tenido la inmensa suerte para su película (y para todos nosotros) de descubrir a María Valverde, Goya a la mejor actriz revelación, de la que la cámara se enamora en todos y cada uno de los planos, haciéndonos entender perfectamente las sensaciones que provoca en el personaje del ejecutivo.