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El Coltan

Un mineral estratégico poco conocido, la columbita-tantalita (coltan), es esencial para las nuevas tecnologías. Los misiles balísticos, las armas 'inteligentes' o los teléfonos móviles dependen de él. El 80% de las reservas mundiales se encuentra en África, sobre todo en una zona de la República Democrática del Congo ocupada por los ejércitos de Ruanda y Uganda. Según las Naciones Unidas, el tráfico ilegal de coltan es una de las razones de una guerra que, desde 1997, ha matado a un millón de personas

Si en Sierra Leona y Angola, el contrabando de diamantes es el origen de la guerra, en el Congo, una de las causas del conflicto que ha matado a un millón de personas desde 1997 y mantiene en peligro de muerte a otro millón es un valioso mineral, el coltan (contracción de columbita-tantalita). De él se extraen el tántalo y el niobio. Los misiles balísticos, los cohetes espaciales, las armas inteligentes, los teléfonos móviles, los airbags y los juguetes electrónicos lo emplean en sus microprocesadores, baterías, microcircuitos y condensadores. La escasez de este mineral -un superconductor de energía capaz de soportar cambios de temperatura- forzó el a–o pasado a la japonesa Sony a posponer el lanzamiento de su producto estrella, la Play Station 2. El niobio resulta vital en la aleación de acero de oleoductos y centrales nucleares, y para el desarrollo de los trenes magnéticos.

Tanto Ruanda como Uganda cuentan desde 1997 con el respaldo de Estados Unidos, cuyas empresas lideran el sector de las nuevas tecnologías, una industria dependiente del coltan y del germanio, otro elemento estratégico para los microchips de alto rendimiento y para el espacio (células solares). 'El germanio es m‡s importante y escaso que el coltan', asegura una fuente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Tal vez por ello se cotiza a 640 dólares por kilo en el mercado de materias primas de Londres, es decir, siete veces m‡s caro que el tántalo. El problema de este último no es el precio, sino las bruscas oscilaciones: de los 29,75 dólares por libra del 20 de junio de 2000 pasó, el 13 de diciembre de ese mismo año, a 210 (unos 450 dólares el kilo). Ahora se mantiene estable en 55 dólares por libra.

Aunque Australia es el primer productor mundial de coltan, en África es donde se halla el 80% de las reservas mundiales, y dentro del continente, la República Democrática del Congo concentra más del 80% de los yacimientos. Los suministradores de componentes y la ringlera de empresas intermediarias de la industria microeléctrica e informática tienen ante sí un dilema: pagar a precio de mercado y depender de los vaivenes en la cotización o comprar de contrabando. Entre el 15% y el 20% de las ventas internacionales de coltan proceden del este del Congo, según fuentes del sector. Pero alguna pieza del rompecabezas no encaja. La escasez mundial de tántalo, el a–o pasado, coincidió con una miniguerra entre tropas ruandesas y ugandesas por el control de los diamantes y de las rutas de coltan en Kisangani. Varios expertos sugieren una explicaci—n: la cantidad de coltan congole–o en el mercado es superior al 15% o 20% porque se presenta camuflado como coltan de Tailandia o Brasil, los otros productores legales, adem‡s de Australia.........


Para muchos países africanos, a finales del siglo XX, la devaluación de los productos agrícolas, y la desertificación, provocaron una fuerte revalorización de sus recursos mineros, nueva fase del errante camino para relacionarse con el mercado internacional. En las provincias del este de la República Democrática del Congo (RDC, Zaire), consideradas por la UNESCO reservas ecológicas de gran importancia, se encuentra el 80 % de las reservas mundiales de coltán. All’ han puesto sus ojos, sobretodo en los últimos diez años, las grandes multinacionales: Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM y muchas otras. Se han formado en la zona toda una serie de empresas (muchas de ellas "fantasmas") asociadas entre los grandes capitales monopolísticos, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o "guerrilleras") para la extracción del coltán y de otros minerales como el cobre, el oro y los diamantes industriales. Las grandes marcas comenzaron la disputa por el control de la región a través de sus aliados autóctonos, en un fenómeno que la misma Madeleine Albright llamó "la primera guerra mundial africana".

Las grandes empresas financian, por supuesto, a las distintas fuerzas militares, que montadas en los preexistentes conflictos interétnicos, sostienen una guerra por el control de las minas, en la que en los últimos cuatro años han muerto entre 2,5 y 3 millones de personas. Ruanda y Uganda han diseminado unos 40.000 soldados, que cuentan con los mejores equipos, en los Parques Nacionales de la RDC, donde se hallan las reservas.

Según el mismo Kofi Annan ha declarado: "la guerra del Congo se libra por el control de sus riquezas naturales". En un informe del IPIS (investigación del Servicio de información para la Paz internacional independiente) se demuestra que las sociedades europeas y norteamericanas que comercian con el colt‡n contribuyen a la financiación de la guerra. Tienen un gran interés en que continúe la "inseguridad" para permanecer en el Congo a través de las tropas guerrilleras. En las minas aluvionales trabajan diariamente m‡s de 20.000 mineros, bajo un sistema represivo organizado por las fuerzas militares y los poderes locales - de los dos bandos en disputa. Estas pagan a los trabajadores unos diez dólares por kilo de coltán (que en el mercado de Londres cotiza alrededor de 250-300 dólares) y exigen además a estos para "permitirles" trabajar que se pongan con una cucharada diaria del mágico mineral, especie de tributo en especie, con el que recaudan alrededor de una tonelada mensual de coltán valuada en un millón de dólares. La fuerza de trabajo aquí utilizada está compuesta fundamentalmente por ex campesinos y ganaderos (luego de que se devaluara la producción agrícola congoleña para la exportación - algodón y otros productos), que se alejan por largos periodos de sus comunidades y familias, refugiados, prisioneros de guerra (sobretodo hutus) a los que se les promete una reducción de la condena, además de miles de niños de la región, cuyos cuerpos pequeños pueden fácilmente adentrarse en las minas a ras de tierra.

El reclutamiento de esta mano de obra opera en una doble dimensión, mercantil y coercitiva, en un doble mercado de trabajo. Las zonas mineras y las zonas de operación militar terminan por confundirse. Las migraciones frecuentes desde otras regiones hambrientas
(entre 5 000 y 10 000 personas por año) son, muchas veces, definitivas, si observamos el número de muertos. Las poblaciones vecinas reclutadas a trabajar y trasladadas por la fuerza, sirven de cantera de mano de obra para esta empresa capitalista; hostigadas por grupos armados han abandonado sus residencias o se han convertido en mineros.

Estos trabajadores rescatan coltán de sol a sol, y duermen y se alimentan en la selva montañosa de la zona. Se reproducen en las comunidades y en la selva por sus propios medios, alimentándose de elefantes y gorilas autóctonos, mientras las guerrillas comercializan cueros y marfil. En otros términos: el capital, por lo tanto, no se encarga de la totalidad de la reproducción de esta fuerza de trabajo, que además de aportar en la producción de plusval’a (del coltán), aporta una especie de renta en trabajo.


Elefantes y gorilas.

La fiebre del tántalo ha empujado a miles de mineros y esclavos al interior de los parques nacionales de Kahuzi-Biega (en Kivu-Sur) y Okapi, en el este del Congo. Ambos son reservas protegidas por la Unesco. El director general de World Wide Fund for Nature (WWF), Claude Martin, declaró en mayo de este año a un diario surafricano: 'Es una irresponsabilidad que afecta a todos, desde mineros hasta grandes multinacionales; deben mirar más allá de los beneficios y pensar en el bien general'. Las excavaciones indiscriminadas han ocasionando daños irreparables al ecosistema. Hace un año, la población de elefantes en estos parques era de 3.600; hoy apenas queda un par de familias. El caso de Garamba es más grave: desde 1995 han perecido cerca de 8.000 ejemplares. Los soldados matan a los animales para comerciar con el marfil (enviado a Uganda y Ruanda) y vender su carne en los mercados locales o alimentar a la troupe de trabajadores. Lo mismo sucede con los gorilas de la montaña.

Hoy se calcula que existen entre 110 y 130 ejemplares, la mitad que en 1996, segœn la Fundación de Diana Fossey, pionera en la protección de estos primates en peligro de extinción y que murió asesinada en Ruanda en 1985. El informe de la ONU es especialmente crítico con el Banco Mundial (y, de manera indirecta, con Estados Unidos).

Este organismo de las Naciones Unidas pondera en sus últimos informes los éxitos económicos de Uganda -país que el Gobierno de Washington propone desde hace 15 años como modelo africano-, sin que medie comentario alguno sobre la procedencia de sus ingresos: ni una palabra sobre las lucrativas exportaciones de oro, diamantes o coltán, a pesar de que Uganda carece de producción propia. La implicación del ejército ugandés parece demostrada en muchos casos, además de en los mencionados antes. En Watsa son los mismos soldados ugandeses los que participan en la extracción de oro en las minas de Gorumbua. En el distrito de Kilo-Moto, las tropas vigilan los accesos mineros impidiendo el tránsito de personas ajenas. Ruanda, en cambio, carece de problemas de mano de obra: la utilización sistemática de prisioneros hutus está documentada por HRW y por otras ONG, lo mismo que el empleo de niños. La caída en la escolarización en Goma es tremenda, más de un 30% han dejado las aulas desde 1998. Aunque los teléfonos méviles emplean cantidades ínfimas de tántalo (pero los fabricantes son remisos a ofrecer datos precisos), la eclosión del negocio (más de 500 millones de aparatos en este año y una previsión de 1.000 millones para 2004 en todo el mundo) convierte al tántalo en un polvo mágico e imprescindible.

'Éste es un sector de gran dinamismo', asegura una fuente de Telefónica Móviles. 'Si el número de aparatos en funcionamiento es de 500 millones, el mercado necesita cuatro veces más de unidades disponibles'. Algunas compañ’as se han adelantado a posibles críticas apoyando una iniciativa de la ONG británica Oxfam (en España es Intermón). El programa Bring (traer) pretende recoger los móviles usados para distribuirlos en zonas donde las redes de telefonía fija son escasas o se hallan en mal estado. Otra opción consiste en forzar a las empresas que reciclan algún componente a invertir en proyectos de ayuda al Tercer Mundo.

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