En la época que le tocó
vivir a Brueghel, las creencias y supersticiones populares
tradicionales aún seguían vivas. Todavía
no se habían logrado explicar muchos fenómenos
celestes, deformaciones físicas, enfermedades, epidemias,
y para su comprensión se recurría a la influencia
de los demonios y sus cómplices humanos (brujas y
brujos).
Miles de personas, acusados de
alianza con el mal, especialmente fueron torturadas, condenadas
y quemadas a la hoguera.
El Bosco, también flamenco
como Bruegel, plasmó en sus cuadros esta fe supersticiosa.
Bruegel representa el mundo de los pecados en la serie de
grabados "Los siete pecados capitales", donde
aparecen paisajes fantásticos llenos de seres encantados,
en parte burlones en parte amenazantes.
El origen de los demonios lo encontramos
en su pintura "La caída de los Ángeles
rebeldes".
LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES
REBELDES (1562)
El arcángel San Miguel, con armadura
dorada expulsa del cielo a los ángeles que osaron
levantarse contra Dios. Los ángeles que luchan en
el ejército de San Miguel van vestidos de blanco;
los que abandonaron a Dios, al caer del cielo, se transforman
en seres fantásticos, mezclas abominables de peces,
reptiles e insectos.
EL TRIUNFO DE LA MUERTE (1562)
En su cuadro "El triunfo de la muerte",
un ejército de esqueletos siegan con sus guadañas
las vidas de los hombres: la vida del rey, la vida del jugador
de carta, la vida del soldado, la de la pareja de amantes;
todas ellas son aniquiladas.
Una muchedumbre aterrada huye al interior
de una gran caja en cuya puerta está pintada una
cruz. Pero todo parece indicar que se trata de una trampa.
Dios brilla por su ausencia en este terrorífico y
desalentador cuadro.
La muerte aparece por los campos segando
las vidas con su guadaña. Secos los árboles
y las hierbas, las llamas del infierno abrasan el horizonte.
La guerra, el hambre, las plagas y las epidemias asolan
la Tierra. No existe ninguna esperanza, ni siquiera el alivio
de una vida mejor después de la muerte.